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María Eugenia Joya sigue empeñada en atender a la gente que quiere irse lejos a gozar del mar, la soledad y la arena blanca. Hace año y medio tuvo que cerrar su Posada Rancho Yemayá en La Tortuga. Pero como es persistente, regresó a su casa en Punta Delgada, encendió su planta desalinizadora para darle agua dulce a los pescadores, su planta para darles luz, sus habitaciones para darle cobijo a amigos y visitantes y su restaurante para alimentar a quienes llegan con apetito. No es posada. Es su casa – como la tienen muchos – abierta al público. Sencilla, franca, con piso de arena en las áreas comunes, de madera en las habitaciones y la Virgen del Valle presidiendo el hogar.